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La estrecha relación entre inseguridad y corrupción

Corrupción e inseguridad guardan una estrecha relación. Resulta de la mayor importancia entenderlo para abordar, con éxito, una eventual disminución de los niveles de inseguridad. Una estrategia exitosa de combate a la inseguridad en nuestro país debe iniciarse con decisiones que mejoren la sujeción de gobernantes y gobernados al imperio de la Ley. Construir más Estado de Derecho. El fenómeno de la corrupción no se explica por falta de innovación institucional o por escasez de ciertas instituciones. Por ejemplo, en las últimas dos décadas, y dentro de los tres órdenes de gobierno se han creado/reformado diversos entes de fiscalización y control [auditorías, contralorías fiscalías]; organismos de transparencia [INAI, antes IFAI]; tribunales de justicia administrativa [como el TAE], fiscalías especializadas de combate a la corrupción; y un larguísimo etcétera.

A pesar de estos esfuerzos estructurales que crearon burocracias en la materia, que parecen seguir más la lógica del ‘efectismo’ para simular que se combate una corrupción, ocurre que en realidad -los números duros demuestran- se ha alentado la misma desde los gobiernos. Transparencia Internacional, en su Índice de Corrupción, que registra una calificación que va de 0 a 10, donde 0 significa ser “absolutamente corrupto”, y 10 “absolutamente pulcro”, en 2002 calificó a México con una puntuación de 3.6. Para 2016 (ya con nuevas instituciones que deberían inhibir la corrupción), Transparencia Internacional, en este mismo ranking, calificó a México con 3.0. Es decir, con una calificación más cercana a “absolutamente corrupto” respecto de la conseguida ¡14 años atrás! A pesar de todos los organismos, comisiones y entes burocráticos creados en el país, y de las leyes especializadas en materia de combate a la corrupción, México es hoy ¡notoriamente más corrupto que antes!.

La corrupción debe ser entendida como el resultado de un acuerdo subrepticio entre gobernante [corrupto] y gobernado [corruptor], que tiene la acometida de malversar lo que es de naturaleza pública con el fin de obtener beneficios privados, mismos que de manera legal no podrían obtenerse. Esto significa la suma de voluntades, que es condición sine qua non para que ocurra, florezca y prolifere la corrupción. Obedece a esas coaliciones multipartidistas de complicidad, que a cambio de su parte, tranzan lo que sea, a cambio de lo que fuese necesario. El año pasado (2016), el Centro de Investigación y Docencia Económicas A.C. (CIDE) y del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), comprobaron la existencia de una correlación directa entre corrupción y niveles de violencia; es decir, a mayor corrupción mayores niveles de violencia. Se trata de un fracaso de las reformas estructurales de la materia, que en vez de inhibir, alentaron la corrupción…

gabtorre@hotmail.com

Publicado en Columnas

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