La primera serie de debates presidenciales de que se tiene registro en América, data de 1858, en Illinois, Estados Unidos. Los protagonistas fueron el congresista republicano Abraham Lincoln y el senador demócrata Stephen A. Douglas. La serie de debates contempló siete realizados del 21 de agosto al 15 de octubre de 1858. Cada uno duró tres horas. Los debates en radio datan de 1948 y registraron una audiencia calculada entre 40 millones de radio escuchas, con una hora de duración.

El primer debate de candidatos en Televisión en Estados Unidos contó con una audiencia calculada en 66.4 millones de tele espectadores. Con el éxito logrado, los debates en este país llegaron para quedarse. El primer debate televisado, de una serie de cuatro en total que se realizaron en las elecciones para presidente, se celebró en Chicago el 26 de septiembre de 1960, en las instalaciones de la estación WBBM-TV, afiliada a la CBS, en un horario de 21:00 a 22:30 horas (hora del este), con el patrocinio de las cadenas ABC, CBS y NBC. Como anécdota destaca que Nixon pierde, según la prensa, el primer debate transmitido por TV al lucir fatigado y sudoroso, pues participó en actos de campaña hasta momentos previos al debate, pese a venir de una convalecencia por una lesión de rodilla que le tuvo hospitalizado dos semanas. Además se opuso al uso de maquillaje, herramienta que sí utilizo su oponente Kennedy, quien además había descansado previo al debate.

A pesar de que la inauguración de los debates políticos en televisión le correspondió a Nixon y Kennedy en 1960 en Estados Unidos; en México, los debates aparecen 34 años después. No obstante, los formatos del debate aún dejan mucho que desear, pues en los ejercicios que hemos registrado son considerados por la audiencia como ‘acartonados’ y cargado de lugares comunes. Vale la pena observar, por ejemplo, que en Estados Unidos existe la Comisión sobre Debates Presidenciales, establecida en 1987 “para asegurar que los debates, como una parte permanente de cada elección, provean la mejor información posible a televidentes y radio escuchas”.

Los debates televisados son un producto audiovisual muy atractivo para los electores. A partir de que en México se abrió espacio para los debates en televisión abierta, desde el 12 de mayo de 1994, estos marcaron un antes y después respecto de las estrategias electorales y la comunicación política. El profesor Robert A. Dahl, afirma que “al abrirse las barreras que impiden el debate público y la participación surgen nuevos intereses, demandas y opiniones que hasta el momento no se conocían”. A fin de que el debate sea efectivo, Dahl recomienda que “…debe aumentar la participación de las instituciones públicas sensibles a estos nuevos intereses y demandas” (Dahl, 1989).

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