La pregunta no es solamente si MC, PAN y PRI juntos podrían sumar más votos. La pregunta verdaderamente relevante es quién gana, quién pierde y quién paga el costo de una eventual suma en coalición electoral.
En una coalición entre partidos de distinto tamaño y distinta intención del voto, el reparto nunca es simétrico. El partido pequeño suele ganar existencia. El partido debilitado gana oxígeno. El partido mediano gana capacidad de negociación. Pero el partido grande, o el partido que posee una marca todavía diferenciada, suele arriesgar su identidad. En este caso, el PRI ganaría sobrevivencia, el PAN ganaría presencia, pero Movimiento Ciudadano pondría en riesgo aquello que más le ha servido para crecer, que es no parecerse a los partidos que derrotó en Jalisco (PAN-PRI).
Un partido puede ganar posiciones de poder, pero perder coherencia programática o votos futuros. Ese es el dilema exacto de MC. Una alianza con PAN y PRI podría darle ventajas en municipios o distritos competidos, pero también podría diluir la estrategia que ha construido durante años, de no ser Morena, pero tampoco ser los partidos tradicionales. Las coaliciones suman, sí, pero también contaminan. Suman votos, estructuras y candidaturas. Pero también suman pasivos, historias, agravios y memorias públicas.
Eso es lo que calcula bien MC. No sólo cuántos votos puede ganar con el PAN y el PRI, sino cuánta credibilidad puede perder en Jalisco. Porque Morena no necesitaría elaborar demasiado su respuesta. Le bastaría decir que todos son lo mismo. Que el naranja terminó abrazado al azul y al tricolor. Que la supuesta alternativa terminó sentada con aquellos a quienes criticó. La alianza podría fortalecer a MC en algunos territorios, pero debilitarlo en su identidad estatal.
Del lado panista, la reacción de Juan Pablo Colín fue reveladora. “El PAN va solo”, dijo. La frase opera como un portazo a Emilio González Márquez, pero también como una confesión de la pérdida de incidencia del exgobernador dentro del partido. Emilio convoca a una alianza, pero ni su propio partido parece dispuesto a seguirlo. Y eso tiene una carga simbólica enorme. Quien llama hoy a la unidad fue también el principal responsable que condujo al panismo jalisciense a una derrota estrepitosa, después de un largo periodo de hegemonía panista. El problema, sin embargo, no está sólo en la viabilidad de la alianza. Está en el mensajero.
Sartori recordaba que los sistemas de partidos no se explican sólo por el número de partidos, sino también por la distancia ideológica entre ellos y por la forma en que compiten (Sartori, 1976). Una coalición MC-PAN-PRI necesitaría algo más que una consigna anti-Morena para ser creíble. Tendría que explicar qué los une, además del miedo. Tendría que justificar qué programa comparten, qué compromisos asumirían y qué prácticas del pasado prometen no repetir.
Movimiento Ciudadano entiende ese riesgo. Por eso no quiere aparecer con PAN y PRI. No necesariamente por pureza ideológica, sino por instinto de supervivencia. Su principal activo político ha sido la diferenciación. Si se sienta con los partidos a los que durante años ha señalado como parte del “viejo régimen”, puede ganar estructuras, pero perder relato. Y perder el relato es empezar a perder, mucho antes de contar los votos.
El PAN también enfrenta su propio dilema. Si va solo, puede reafirmar identidad, pero arriesga irrelevancia en varios territorios. Si se alía con MC, puede recuperar competitividad, pero acepta implícitamente que ya no es el centro de gravedad de la oposición jalisciense. Y el PRI, el más debilitado de los tres, tendría probablemente el mayor incentivo para sumarse. Para el PRI, una coalición puede significar respirar. Para MC, puede significar contaminarse.
Esa es la desigualdad de fondo. No todos llegan a la mesa con los mismos activos ni con los mismos pasivos. No todos arriesgan lo mismo. No todos necesitan coalición por las mismas razones.
Además, una ‘alianza de gente buena’ no se decreta desde la memoria de un pésimo gobierno, como el de Emilio. Se acredita con solvencia pública, con proyecto y con una autocrítica que el exgobernador nunca ha ofrecido. Por eso su llamado no suena a futuro. Suena a pasado reciclándose. Y Jalisco ya conoce demasiado bien ese pasado.
https://www.milenio.com/opinion/gabriel-torres-espinoza/con-pies-de-plomo/cuando-sumar-resta
