Imagen/Facebook Andrés Manuel López Obrador

Los líderes, al igual que los jugadores del poder, maniobran y vigilan los eventos a su alrededor, pero al final todos están sujetos a las reglas del mando y al azar

La noche de este 30 de abril, el presidente de la República convocó a diputados y senadores de Morena, Partido Verde Ecologista de México y Partido del Trabajo para agradecerles por su labor durante las 64 y 65 Legislaturas, las que le coincidieron durante su periodo de gobierno.

Los líderes, al igual que los jugadores del poder, maniobran y vigilan los eventos a su alrededor, pero al final, todos están sujetos en cierta medida a las reglas del mando y al azar de la imprevisibilidad de los sucesos. Cada líder, siempre, debe enfrentarse a las consecuencias de sus acciones y decisiones. Rodrigo Borja señala que “en política, el final de una era es también el comienzo para que la sociedad evalúe el verdadero impacto de un liderazgo”. Borja subraya la dualidad de las despedidas en la vida política: son tanto un cierre, como un momento para la reflexión y el juicio público sobre lo que se ha logrado y lo que ha quedado pendiente. Esto resulta oportuno en el contexto del reciente encuentro del presidente Andrés Manuel López Obrador con legisladores de Morena y sus partidos aliados. Esta reunión en Palacio marca no solo el cierre de un ciclo político, sino también el reconocimiento de las metas no alcanzadas y los logros que sí se cristalizaron durante su gobierno.

En su ¿última? reunión con la LXV Legislatura, el presidente López Obrador enfatizó la importancia de continuar el proceso de la ‘Cuarta Transformación’, a pesar de las tareas pendientes. Notablemente, la sesión concluyó sin la aprobación de un ambicioso paquete de 20 iniciativas que el mandatario había anunciado en febrero.

Destaca, durante el periodo del mandato del presidente López Obrador, que los legisladores federales, afines a Morena, crearon la Guardia Nacional y la implementación de programas sociales expansivos. Además, se llevó a cabo la polémica eliminación de 109 fideicomisos, una medida que fue presentada por Morena, como ‘un esfuerzo para incrementar la transparencia y reducir el gasto público’. Recientemente, también se aprobó el Fondo de ‘Pensiones para el Bienestar’.

Sin embargo, no todo fue un camino llano; la legislatura concluyó sin aprobar un paquete de 20 iniciativas de reforma que el presidente había priorizado, incluyendo propuestas clave como el reconocimiento de los pueblos indígenas como sujetos de derecho público y regulaciones contra el maltrato animal. Esta falta de aprobación es testimonio de una oposición legislativa efectiva, incluso dentro de un contexto de mayorías legislativas.

Pese a estas iniciativas inconclusas, la reunión del presidente con los legisladores federales afines no estuvo marcada por reproches, sino (a decir de ellos) por un ambiente de ‘agradecimiento’ y ‘camaradería’. Durante los encuentros, los legisladores presentaron al presidente informes sobre los logros de las dos legislaturas de su sexenio, incluyendo la creación de la Guardia Nacional, la desaparición de 109 fideicomisos y la reciente aprobación del Fondo de Pensiones para el Bienestar. Estas medidas, según lo dicho por el presidente, son “pilares de su proyecto de nación que busca una transformación social profunda y duradera”.

Sin embargo, el verdadero significado de esta reunión trasciende los logros legislativos tangibles. Simboliza ¿el ocaso? de una era definida por la figura de López Obrador y su estilo único –para bien o para mal– de liderazgo político. A cinco meses del término de su sexenio, el encuentro en Palacio Nacional se convierte en una metáfora del crepúsculo, no solo de poder, sino de eso que él describe como ‘su lucha’. Este acto de ¿despedida? subraya el inevitable ciclo de cambio, donde cada fin es, en esencia, el pronóstico de un comienzo.

Mientras el presidente prepara su salida de la vida pública, su despedida de los legisladores no solo marca el cierre de un capítulo político agitado en México, sino que también destaca la persistencia de su visión –atención–, más allá de su mandato. La reunión fue menos un final, que una solicitud para que su legado persista, una llamada a que las futuras administraciones continúen. Así, este adiós no es solo el término de una gestión, sino su recordatorio de seguir adelante, más allá de las figuras que temporalmente él encarna en el poder.

https://www.milenio.com/opinion/gabriel-torres-espinoza/con-pies-de-plomo/el-adios-de-un-mandatario