La raíz del problema es clara. La cobertura vacunal en México ha sido históricamente inestable
México enfrenta un brote de sarampión que amenaza con revertir dos décadas de avances en salud pública. Con siete mil 732 casos acumulados en las 32 entidades, el país se encuentra al borde de perder el estatus de nación libre de esta enfermedad, un reconocimiento otorgado por la Organización Panamericana de la Salud desde 2016.
El dato más preocupante es la posibilidad de transmisión ininterrumpida del mismo linaje del virus por más de 12 meses, lo que implicaría, según la OPS, el restablecimiento del sarampión como una enfermedad endémica. Esta eventualidad ya se ha concretado en Canadá y podría arrastrar también a México y Estados Unidos en abril próximo, cuando comparezcan ante la Comisión Regional para la ‘Reverificación’.
El epicentro actual del brote es Jalisco, con 718 casos confirmados en enero. Le siguen Chiapas, Sinaloa, Ciudad de México, Colima, Michoacán y Guerrero. Aunque estados como Chihuahua, que cerró 2025 con cuatro mil 493 casos y 21 fallecimientos, han registrado una reducción significativa, la curva epidémica a nivel nacional sigue en ascenso. En las últimas 24 horas se notificaron 50 nuevos casos.
La raíz del problema es clara. La cobertura vacunal en México ha sido históricamente inestable. Desde 2006, ha oscilado entre 60 y 92 por ciento, cuando se requiere una cobertura de entre 93 y 95 por ciento para evitar brotes, según la Asociación Mexicana de Vacunología y agencias sanitarias internacionales.
Se estima que al menos 22.5 millones de personas, es decir, una cuarta parte de la población objetivo, no recibió la vacuna triple viral que protege contra sarampión, paperas y rubéola. A ello se suma una gestión ineficiente, pues cerca de 24.6 millones de dosis adquiridas no fueron aplicadas, lo que equivale al 28 por ciento.
En 2025, el Centro Nacional de Prevención y Control de Enfermedades y la Dirección General de Epidemiología dejaron de ejercer 305 millones de pesos. La Dirección General de Promoción de la Salud no utilizó 35 millones de su presupuesto, y otros organismos clave, como el Centro Nacional para la Salud de la Infancia y Adolescencia, no reportaron ningún gasto, a pesar de contar con fondos asignados.
Frente a este escenario, se ha autorizado la vacunación desde los seis meses de edad, y se prioriza a los adultos entre 20 y 49 años, un grupo con niveles de inmunidad bajos. Pero estas medidas no bastan si no se acompañan de una campaña nacional efectiva, sin titubeos políticos ni desinformación. La pandemia de COVID-19 desarticuló los esquemas de vacunación en toda América y abrió la puerta a brotes prevenibles.
No actuar con decisión hoy, cuando la evidencia epidemiológica es contundente, sería una negligencia histórica. El sarampión no sólo es una enfermedad viral altamente contagiosa; es, también, el termómetro de nuestra responsabilidad colectiva frente a la salud pública.
POR GABRIEL TORRES
PROFESOR E INVESTIGADOR EN LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA
@GABRIELTORRESES
https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2026/1/30/el-regreso-del-sarampion-764309.html
