Dos días bastaron para recordar que la violencia no sólo hiere cuerpos y daña infraestructura. También ocupa el espacio simbólico de la ciudad. Cuando el miedo se instala, las calles se vacían, los comercios bajan cortinas antes de tiempo, los padres dudan en enviar a sus hijos a la escuela y la conversación pública se repliega al susurro. La crisis no termina cuando cesan los bloqueos o se levantan las alertas. La crisis termina cuando la ciudadanía vuelve a caminar sin la sensación de estar desafiando al azar.
En la etapa posterior al “Código Rojo”, la respuesta no puede reducirse a más patrullas o retenes prolongados. La policía y el gobierno municipal requieren ser vistos haciendo lo correcto, de la manera correcta, con una comunicación verificable. No basta con actuar; hay que actuar bien y demostrarlo. En términos simbólicos, esto devuelve el Estado a la calle. El ciudadano no busca vivir bajo excepción permanente, sino bajo normalidad confiable.
Sin embargo, la recuperación no depende únicamente del gobierno. La ciudad recobra confianza cuando vuelve la escena cotidiana de “ojos en la calle”. Vecinos conversando en la banqueta, comercio activo, escuelas abiertas, actividades culturales, deporte comunitario, transporte funcionando, mezcla de usos que impide el abandono. Esa vitalidad no se decreta desde un escritorio. Se orquesta con incentivos, microintervenciones y articulación barrial.
La seguridad duradera se parece más a una coreografía que a un operativo. Requiere coordinación fina entre actores diversos y un relato público que sustituya el miedo por evidencia. La gente necesita comprobar que la denuncia sirve, que el tiempo de respuesta mejora, que el espacio público vuelve a ser compartido. Cuando el parque se llena otra vez y el comercio nocturno retoma su pulso, la ciudad envía una señal poderosa a sí misma.
Nada de esto ocurre de manera espontánea. Hace falta una coalición cívico institucional que articule municipio, estado, fiscalía, universidades, sector privado, organizaciones vecinales, juventudes, cultura y movilidad. Una alianza de las y los jaliscienses con metas verificables. Requerimos la recuperación de aforos en plazas y parques y la confianza en las denuncias. Una ciudad para volver a habitarla sin miedo.
https://www.milenio.com/opinion/gabriel-torres-espinoza/con-pies-de-plomo/y-despues-del-codigo-rojo
