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Columnas

De parte ¿de quién?

La detención en Estados Unidos del ex secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, acusado por delitos de narcotráfico y de lavado de dinero, representa un durísimo golpe a la credibilidad y confianza que han depositado los mexicanos en las Fuerzas Armadas. 

Son muchas las implicaciones de este duro golpe. Quedó ‘moralmente derrotado’ el argumento de la no cooptación o infiltración del crimen organizado en las fuerzas federales, en contraposición a la podredumbre que caracteriza a las fuerzas del orden municipal y estatal. Lo anterior, porque tanto el titular de las fuerzas civiles federales, García Luna, en el sexenio de Calderón; como el titular de las fuerzas militares, Cienfuegos, en el sexenio de Peña Nieto, hoy enfrentan cargos en el país vecino del norte que los involucran con el narcotráfico. 
 
La intervención política de Estados Unidos en nuestro país siempre ha existido. No obstante, en los últimos años se han hecho investigaciones, imputaciones, detenciones y extradiciones en contra de mandos de alto nivel en la política mexicana, por lavado de dinero y/o vínculos con el narcotráfico. La primera de esta magnitud ocurrió en 2010, con el ex gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva; le siguió Tomás Yarrington, ex gobernador de Tamaulipas; y, por último, Roberto Sandoval, ex gobernador de Nayarit, quien tiene cuentas congeladas en la Unión Americana, en razón de los mismos delitos. Ante los insultantes niveles de impunidad en nuestro país, queda claro que cuando se trata de intocables ‘peces gordos’, la justicia ahora se procura y se imparte ¡en Estados Unidos! 
 
Si para Estados Unidos el país de Venezuela representa un factor geopolítico de especial relevancia en el Cono Sur; México, que es su principal socio comercial, no sólo juega un rol geopolítico, sino que representa ya un asunto de seguridad nacional por la vecindad entre ambos países. Lo cierto es que, en los últimos 15 años, el narcotráfico pasó de convertirse en un problema de seguridad pública para ser uno de seguridad nacional, no sólo por el combate de las Fuerzas Armadas al crimen organizado, sino por sus robustos vínculos del más alto nivel en las instituciones civiles como militares. Ya Donald Trump amenazó tanto a Peña Nieto como a López Obrador con intervenir militarmente en nuestro país para hacerse cargo de los “bad hombres”. 
 
La enorme interrogante es, ¿el gobierno de la República tuvo que ver con la detención de Cienfuegos? Resulta difícil pensar que el presidente de México, que es el Mando Supremo de las Fuerzas Armadas, fraguara u orquestara un golpe de tal magnitud en contra de ellas. Tan sólo su seguridad personal depende absolutamente de la milicia. La estabilidad política de su gobierno, también. 
 
Los Golpes de Estado siempre entrañan de un desacuerdo irreconciliable entre el titular del Ejecutivo y las fuerzas castrenses. En última instancia, en cualquier país del mundo, lo que sostiene al poder político es siempre el poder militar. Si Maduro hoy sigue siendo presidente de Venezuela, es en razón del respaldo, reconocimiento y apoyo de las Fuerzas Armadas [caso contrario de lo ocurrido con Evo Morales en Bolivia]. No obstante, es un hecho que este golpe beneficia y fortalece el discurso de Trump (hacia México) y de Obrador, con relación a la corrupción.  
 
@gabriel_torrese
 
 
https://www.milenio.com/opinion/gabriel-torres-espinoza/con-pies-de-plomo/de-parte-de-quien

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